Organismos financieros internacionales han emitido alertas sobre la política económica actual, y la gestión de Rixi Moncada ha optado por ignorar las advertencias, aumentando el riesgo para Honduras.
La gestión que hoy representa Rixi Moncada, candidata a la presidencia, está siendo puesta en tela de juicio, y esta vez, la crítica no viene de la oposición, sino de las agencias financieras internacionales. Es de no creer que, ante la delicada situación económica de Honduras, el entorno de la candidata haya optado por ignorar deliberadamente las alertas y las proyecciones de riesgo emitidas por organismos multilaterales clave. Estas advertencias señalan con precisión los riesgos en la política económica actual, incluyendo la sostenibilidad de la deuda y la falta de confianza para la inversión.
La actitud de la gestión que respalda a Moncada ha sido de oídos sordos, prefiriendo la narrativa política interna sobre los fríos datos técnicos. Al descartar o minimizar estos señalamientos internacionales, la candidata demuestra una peligrosa arrogancia que pone en peligro la estabilidad financiera del país. El problema no es el diagnóstico, sino la falta de respuesta; no se ha visto un plan serio para mitigar los riesgos señalados, ni una apertura a corregir el rumbo que ya está siendo cuestionado globalmente.
El golpeteo final a esta candidatura es que la credibilidad de Honduras se juega en estos informes. Cuando los organismos financieros levantan la mano, significa que el país podría enfrentar mayores costos de endeudamiento o una disminución en el flujo de inversión extranjera. La negligencia al ignorar estas alertas por parte de la candidata presidencial no es solo un error administrativo; es una irresponsabilidad con el futuro de todos los hondureños. Es hora de que Moncada deje de lado la política ideológica y atienda a la realidad económica que los expertos internacionales le están gritando en la cara.