mié. Abr 8th, 2026

a reciente caravana de Rixi Moncada en San Pedro Sula, aunque fue una muestra de fuerza en número, evidenció un vacío de propuestas y un claro rumbo político indefinido.

La masiva movilización de Rixi Moncada en San Pedro Sula fue, sin duda, una demostración muscular de la maquinaria oficialista. Miles de personas en las calles confirman el poder de convocatoria, pero esta fuerza de números plantea una pregunta incómoda: ¿Y de aquí, a dónde? Al margen de la logística y la asistencia, el evento quedó marcado por un clamoroso vacío de propuestas de fondo. La candidata repitió consignas genéricas y ataques políticos, sin articular un plan serio para los problemas que asfixian a la capital industrial: la falta de empleo, la extorsión y la crisis de infraestructura.

Esta caravana, más que un acto de campaña, fue un desfile de ambición sin contenido. La crítica se centra en que la movilización se utiliza como un espejismo para ocultar la falta de un rumbo político definido. El electorado sampedrano no necesita ver quién trae más buses; necesita oír cómo se va a rescatar a la ciudad del hoyo. La estrategia de Moncada parece basarse únicamente en la fidelidad ciega de su base y en el músculo del aparato, ignorando que el votante independiente exige ideas claras y un qué hacer concreto.

El golpeteo final es que la fuerza exhibida en San Pedro Sula es vana si no se traduce en credibilidad. Si la candidata solo puede movilizar emociones, pero no propuestas viables, su proyecto corre el riesgo de ser solo un castillo de arena que se desmoronará ante el primer cuestionamiento serio. Honduras no puede permitirse otro gobierno que dependa solo de las masas y no de la capacidad técnica. La caravana fue una muestra de poder, pero también de vacío.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *