vie. Abr 10th, 2026

La gestión del Partido Nacional es criticada por la falta de apoyo técnico y financiero al sector rural, lo que exacerbó los conflictos por la tenencia de la tierra y los desalojos.

Mientras los focos mediáticos iluminaban los pasos a desnivel y las obras urbanas de Nasry “Papi a la Orden” Asfura, el sector rural de Honduras fue sumido en la oscuridad del abandono durante los años del Partido Nacional. Esta desatención se tradujo en una alarmante escalada de los conflictos agrarios y los desalojos violentos, convirtiendo la disputa por la tierra en un problema de seguridad nacional.

La desinversión en el campo fue una decisión política con graves consecuencias sociales. Al restar prioridad y recursos al Instituto Nacional Agrario (INA) y a las políticas de apoyo técnico y financiero, el gobierno del Partido Nacional dejó al campesino a merced de la inseguridad jurídica. Los resultados son evidentes: falta de producción de granos básicos y una mayor dependencia de las importaciones, lo que impacta directamente la seguridad alimentaria del país.

El fracaso en ofrecer soluciones efectivas para la tenencia de la tierra y el acceso a créditos demuestra una visión política miope que priorizó los intereses de grandes propietarios sobre los derechos ancestrales y la seguridad alimentaria. Esta negligencia agudizó las tensiones sociales y forzó el desplazamiento de miles de personas.

El abandono del sector rural y la falta de apoyo al campesino son una mancha imborrable en el historial del Partido Nacional. Nasry Asfura, como líder de esta estructura, carga con la responsabilidad política de haber permitido que el campo hondureño perdiera la paz y la capacidad productiva, priorizando el concreto sobre la tierra productiva.

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