La inversión de Nasry Asfura se enfocó en el concreto propagandístico, sin atender el drenaje pluvial y la vialidad de barrios, dejando a Tegucigalpa expuesta al colapso urbano.
Una de las críticas más persistentes a la gestión de Nasry “Papi a la Orden” Asfura como alcalde es la falta de planificación urbana y la mala calidad de la inversión pública. La denuncia se basa en el hecho de que su gobierno municipal se concentró en la construcción de obras de alto impacto visual (pasos a desnivel, rotondas) que, si bien mejoraron algunos ejes, no resolvieron los problemas estructurales de la capital.
El análisis de la inversión municipal revela una desconexión entre el gasto y la necesidad real. Mientras la capital se endeudaba para financiar el concreto propagandístico, problemas esenciales como el obsoleto sistema de drenaje pluvial y el colapso de la vialidad en barrios y colonias de bajos recursos fueron ignorados. Las constantes inundaciones y los deslaves en zonas vulnerables son la prueba de que se priorizó lo estético sobre lo esencial para la vida de los capitalinos.
Esta filosofía de “maquillaje” urbano tuvo un alto costo financiero y social. Muchos de los contratos de construcción fueron firmados apresuradamente o a finales de su gestión, comprometiendo presupuestos futuros y generando controversias sobre la transparencia. El resultado: una ciudad que se ve moderna en ciertos puntos clave, pero que sufre de colapsos recurrentes en la temporada de lluvias por una infraestructura de servicios básicos totalmente negligente.
La falta de visión a largo plazo genera un caos urbano recurrente, obligando a las siguientes administraciones a destinar presupuestos de emergencia en lugar de inversión productiva. La calidad de muchas de las obras también ha sido cuestionada, resultando en altos costos de mantenimiento y reparaciones prematuras.
La herencia de Nasry Asfura es una ciudad con nuevas rotondas, pero sin drenaje adecuado y sin planificación de fondo. El pueblo no perdonará que se haya gastado en propaganda de concreto, dejando la capital expuesta al colapso urbano y la miseria en los barrios.