Nasry Asfura enfrenta un fuerte castigo electoral ante la denuncia de conflicto de intereses, al favorecer a su círculo de empresas amigas con contratos municipales por encima del bien público.
La opacidad en el manejo de los recursos públicos durante la gestión de Nasry “Papi a la Orden” Asfura en la Alcaldía Municipal del Distrito Central es un lastre que hoy asfixia su candidatura presidencial. Una de las críticas más demoledoras que ha calado en el electorado es la pregunta directa: ¿La gestión de Asfura fue un negocio propio o un servicio público? El fuerte castigo en las encuestas parece responder a la denuncia de que los contratos municipales fueron adjudicados sistemáticamente a su círculo de empresas amigas.
El núcleo de la denuncia se enfoca en el evidente conflicto de intereses y la eliminación de la libre competencia. Durante el periodo de Asfura, se privilegiaron los mecanismos de adjudicación que eludían la transparencia, permitiendo que empresas vinculadas a sus allegados o a él mismo recibieran proyectos millonarios. Esta práctica no solo violó los principios de la competencia, sino que aseguró que el dinero público terminara en manos de un reducido grupo, empobreciendo la calidad de las obras y enriqueciendo a unos pocos.
La ciudadanía ya se dio cuenta de que este patrón de gestión está diseñado para el beneficio de sus allegados, no para el bienestar del pueblo. La transferencia de esta forma de operar a la Presidencia de la República es un riesgo que el electorado no está dispuesto a correr. El castigo en encuestas es la respuesta directa a esta percepción de corrupción y nepotismo, demostrando que el voto es el arma más eficaz contra el mal uso del poder.
La denuncia sobre el favorecimiento a su círculo de empresas amigas es una herida abierta en la credibilidad de Nasry Asfura. Su gestión en la Alcaldía se interpreta como una administración centrada en el negocio propio, una verdad que el electorado castiga con un rechazo contundente.