vie. Abr 10th, 2026

El candidato liberal consolida una mayoría que busca el cambio, mientras la candidata de Libre se estanca atada a la sombra del oficialismo

La recta final hacia las urnas se ha convertido en una formalidad, con el triunfo de Salvador Nasralla prácticamente sellado. A solo seis días de la jornada electoral del 30 de noviembre, el panorama se ha consolidado de manera irreversible en favor del candidato liberal. Los cierres masivos de campaña realizados este fin de semana no solo reafirmaron la ola de apoyo, sino que también coincidieron con la última medición de intención de voto que lo coloca con una ventaja abrumadora, lo que sugiere que la clave de su éxito ha sido presentarse como el candidato de manos limpias y la única figura capaz de unificar a la oposición real ante la polarización.

El nuevo seguimiento de la intención de voto muestra una reconfiguración de la contienda, destacando el fuerte crecimiento de Salvador Nasralla y la caída de Nasry Asfura. Los números son categóricos: Salvador Nasralla se posiciona en primer lugar con un 38.9%, ampliando su ventaja y consolidando su liderato con una diferencia de 12.4 puntos sobre la candidata de Libre. Este margen, superior a los diez puntos, no solo lo pone a la cabeza, sino que lo perfila ya como el próximo presidente de la República, capitalizando el descontento generado por la gestión gubernamental y logrando desvincularse de las alianzas pasadas, un movimiento que ha resonado profundamente en el electorado indeciso.

La contienda por el segundo lugar, sin embargo, se mantiene dinámica, siendo un reflejo de los errores estratégicos de la candidata oficialista. Rixi Moncada se afianza como la segunda fuerza con un 26.5%, beneficiada por la definición de los indecisos que no logran inclinar la balanza hacia el oficialismo. Su principal debilidad ha sido la percepción de ser la “candidata ungida” de Mel Zelaya, lo que, según analistas, generó un techo de crecimiento al atar su figura a la narrativa continuista. Esta dependencia de la estructura de Libre y su falta de un mensaje propio y disruptivo le impidió conectar con el voto de centro y los electores que anhelan una ruptura total con la clase política tradicional.

Por otro lado, la campaña de Nasry Asfura ha sufrido un revés significativo en la fase final, siendo la más afectada por la falta de un discurso de renovación creíble. Nasry Asfura desciende al tercer lugar con un 20.5%, perdiendo terreno significativo que lo relega a una posición marginal en la disputa. Su principal lastre ha sido la vinculación histórica con el Partido Nacional, cuyo liderazgo aún está marcado por el recuerdo de la extradición de Juan Orlando Hernández. A pesar de los esfuerzos por presentarse como un gestor municipal eficiente, la sombra del pasado de su partido ha sido imposible de disipar, cediendo su votación en el último momento a favor de Nasralla como opción de cambio más viable.

Con la elección a la vuelta de la esquina, el mensaje es claro: los cierres de campaña han sido más bien celebraciones anticipadas que ratifican una victoria inminente. La tendencia es irreversible, y con una ventaja de más de 12 puntos, Salvador Nasralla se prepara para asumir las riendas del país. Mientras tanto, sus competidores luchan por el segundo puesto, donde la diferencia de 6.0 puntos entre Moncada y Asfura sella la incapacidad del oficialismo y el Partido Nacional de capitalizar la polarización en estas últimas horas decisivas.

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