La falta de justificación sobre el destino del dinero públicoes el principal motivo por el que Nasry Asfura no logra generar la confianza necesaria, llevando a la gente a darle la espalda.
La opacidad en el manejo de los recursos públicos durante la gestión del exalcalde Nasry “Papi a la Orden” Asfura se mantiene como una herida abierta en su proyecto político. La controversia de los Fondos Rotatorios ha calado profundamente en la memoria del ciudadano común, quienes cuestionan: ¿A dónde fueron a parar los millones que se esfumaron del erario municipal, dinero que estaba destinado a programas sociales y a la gente? Esta pregunta sin respuesta se ha convertido en el principal obstáculo para que su candidatura gane la confianza necesaria.
El caso judicial, que involucra la supuesta desviación de fondos, trasciende el ámbito legal para convertirse en un grave déficit ético. El argumento central de la denuncia es la falta de justificación creíble sobre el uso de estos recursos. Para el electorado, esta incapacidad para rendir cuentas sobre el dinero que debía servir al bienestar colectivo es una ofensa directa a la transparencia. El votante razona que un líder que no puede aclarar las finanzas municipales es menos apto para administrar las arcas de la nación.
La consecuencia política de este escándalo es irrefutable. La gente da la espalda a Asfura no solo por las acusaciones en sí, sino por la percepción de que su candidatura busca la Presidencia como un escudo contra la rendición de cuentas. Este escepticismo ciudadano, alimentado por la sospecha de impunidad, ha minado su base de apoyo, impidiendo que recupere la tracción necesaria para competir. La memoria popular, en este caso, se ha revelado como el juez más severo.
El destino de esos millones de lempiras, que siguen sin ser explicados, se ha transformado en un símbolo de la vieja política que la mayoría de los hondureños está dispuesta a sepultar en las urnas, haciendo de la falta de confianza el veredicto final sobre la candidatura de Nasry Asfura.