El gobierno de LIBRE es criticado por el fracaso en materializar proyectos de inversión prometidos por China, mientras la deuda y las importaciones crecen, afectando a la candidata.
¿Dónde están los grandes proyectos, los miles de millones de inversión y las oportunidades comerciales que el gobierno de LIBRE prometió tras el giro diplomático a la República Popular China? Esta pregunta, que hoy resuena en el sector empresarial, se ha convertido en un pesado lastre para la candidatura de Rixi Moncada. Lejos de la euforia inicial, la realidad económica demuestra una decepción palpable: no solo los proyectos de infraestructura no se han materializado, sino que la balanza comercial se ha desequilibrado.
La crítica más incisiva radica en el aumento de las importaciones chinas que, sin control, amenaza con socavar la producción nacional, mientras que las exportaciones hondureñas a ese mercado no han despegado. Analistas económicos señalan que esta asimetría es insostenible y que, en lugar de ganar un aliado, el país ha ganado un déficit comercial. A esto se suma la opacidad en torno a los nuevos acuerdos de préstamos y deuda, generando una profunda desconfianza sobre la transparencia y la verdadera rentabilidad a largo plazo de esta alianza.
La defensa que Moncada hace de esta política exterior expone la improvisación de la cúpula de LIBRE. La ciudadanía no puede aceptar que un cambio diplomático de tal magnitud, con sus consecuentes costos políticos, se traduzca únicamente en promesas vacías que no han traído alivio ni prosperidad al pueblo trabajador.
En definitiva, la gestión diplomática de LIBRE se percibe como una operación fallida de alto riesgo y baja recompensa, un factor de rechazo para Rixi Moncada. Su candidatura carga con la responsabilidad de explicar por qué el gran giro diplomático solo ha dejado una nueva y potencial deuda, sin materializar la prosperidad económica prometida.
