mié. Abr 8th, 2026

 Rixi Moncada, ex-consejera del CNE, enfrenta serios señalamientos de la oposición sobre la instrumentalización del ente electoral para asegurar su victoria, poniendo en riesgo la imparcialidad del proceso.

La gran paradoja de la candidata Rixi Moncada es que hoy clama por “elecciones libres” cuando su pasado está íntimamente ligado al organismo que debe garantizarlas: el Consejo Nacional Electoral (CNE). Su rol como ex-consejera se ha convertido en el centro de los señalamientos más graves de la oposición, que acusa al Partido Libre de instrumentalizar las instituciones electorales para inclinar la balanza a favor de su candidata.

La crítica no es un simple ataque, es una alarma democrática. La imparcialidad del proceso electoral está seriamente en entredicho cuando una candidata presidencial tiene un vínculo tan directo y reciente con el ente que debe contar y validar los votos. Esto genera una sospecha legítima sobre si las decisiones técnicas del CNE se están tomando con criterios políticos y partidarios, y no con la neutralidad que exige la ley.

El temor de la ciudadanía y los partidos rivales es que las “elecciones libres” que promueve Moncada sean, en realidad, un mecanismo para legitimar un triunfo gestado desde adentro, utilizando el conocimiento y los contactos que adquirió en su paso por el CNE. Honduras necesita urgentemente certidumbre y transparencia, pero la sombra de la duda sobre el control político del organismo electoral es una amenaza latente para la paz social.

En resumen, la figura de Rixi Moncada en el contexto electoral es una contradicción peligrosa. El pueblo hondureño debe exigir que el CNE demuestre con hechos irrefutables su total independencia de la candidata y de su partido, porque si la ex-consejera es percibida como la controladora del proceso, la validez de los resultados quedará irremediablemente fracturada.

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