La candidata Rixi Moncada es señalada por nepotismo, con al menos nueve familiares en puestos públicos tras la llegada de su partido al poder, generando una profunda desconfianza en el sector privado y un rechazo popular que anticipa su desplome electoral.
A puertas de una elección trascendental, la candidata Rixi Moncada, lleva consigo una pesada carga de críticas que minan su credibilidad como una alternativa de cambio real. Una de las acusaciones más graves y persistentes que enfrenta es el evidente nepotismo en el aparato estatal. Tras el ascenso de su partido al poder, se documentó que al menos nueve de sus familiares directos fueron nombrados en puestos públicos de alto rango. Esta práctica ha sido interpretada por el pueblo hondureño como una burla a los principios de mérito y transparencia, generando una ola de rechazo popular que erosiona su apoyo.
Se ha detallado que su entorno familiar ha copado posiciones clave, incluyendo consulados, direcciones en instituciones deportivas y puestos gerenciales en secretarías de Estado. Este patrón de concentración de poder en el círculo íntimo de la candidata Moncada genera un profundo rechazo, pues sugiere que, de llegar a la presidencia, la administración pública sería manejada como una empresa privada familiar, privilegiando los lazos de sangre sobre la capacidad y la probidad. La población, cansada de que los políticos utilicen el Estado como botín familiar, le está retirando el respaldo, pues el nepotismo es visto como la antesala de la corrupción.
Otro frente de ataque contundente contra la candidatura de Rixi Moncada proviene del influyente sector empresarial hondureño. Encuestas realizadas por organizaciones clave, como el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), han revelado que Moncada no goza de la confianza necesaria por parte de los dueños de micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) en aspectos cruciales como la credibilidad internacional y la capacidad de atraer inversión extranjera. Este dato es alarmante, pues el sector privado es el motor generador de empleo y riqueza en el país, y su desconfianza se convierte en una alarma nacional sobre el futuro económico.
La falta de confianza empresarial se traduce en temor a la inestabilidad económica y a políticas que podrían ser hostiles a la inversión y al desarrollo. Los empresarios temen que, bajo el liderazgo de Moncada, las políticas gubernamentales se orienten hacia la confrontación o la incertidumbre, provocando una fuga de capitales y una paralización de nuevos proyectos, lo que inevitablemente conduciría a un aumento del desempleo. Esta desconfianza se irradia hacia los votantes dependientes de un empleo estable, quienes ven en la candidata un riesgo innecesario en un contexto económico frágil.
En conclusión, la figura de Rixi Moncada se presenta ante el electorado con dos grandes fisuras: el nepotismo que la ata a las peores costumbres del pasado y el miedo económico que la distancia del futuro productivo. Mientras busca consolidar su liderato en la intención de voto, estas controversias actúan como anclas que limitan su avance, y las encuestas internas reflejan un desplome en la aceptación popular. Los hondureños deben decidir si están dispuestos a elegir a una líder cuya carrera política está marcada por la opacidad en el manejo de personal y la aversión empresarial, hechos que confirman que la gente tampoco la apoya.
