La “mano dura” de Asfura es el pacto secreto para la impunidad: el retorno de la policía militar sin una CICIH independiente solo busca proteger a las redes de corrupción de su partido.
La propuesta de seguridad de Nasry “Papi a la Orden” Asfura, centrada en la reimplementación de modelos represivos como la Policía Militar del Orden Público (PMOP), ha encendido las alarmas de la ciudadanía. La crítica más fuerte no es solo sobre la táctica, sino sobre la intención: esta “mano dura” esconde un “pacto secreto” para garantizar la impunidad del Partido Nacional.
La denuncia es simple pero devastadora: ¿Por qué Asfura insiste en revivir el modelo de seguridad de la era Juan Orlando Hernández (JOH), un modelo que no depuró las estructuras criminales y que fue señalado por abusos, al mismo tiempo que se opone a la instalación de una CICIH independiente o de un organismo de justicia internacional fuerte? La respuesta es obvia: la ausencia de una fiscalización internacional que investigue el poder es la clave para proteger las redes de corrupción de su partido.
La reactivación de la PMOP sin un contrapeso de justicia independiente significa entregar el control de la fuerza a una estructura militarizada que ha demostrado ser susceptible a la injerencia política. La mano dura, en este contexto, no está diseñada para combatir el crimen organizado, sino para silenciar a la oposición y blindar a los funcionarios corruptos del pasado. Es un modelo de control, no de seguridad ciudadana.
El plan de seguridad de Nasry Asfura es un compromiso con la impunidad. El pueblo hondureño no puede aceptar que el retorno a la policía militar sea el precio para asegurar que los corruptos del Partido Nacional duerman tranquilos.