vie. Abr 10th, 2026

 La campaña de Moncada se basa en el miedo y el odio: su estrategia de confrontación polariza a Honduras, utilizando un lenguaje de ataque para evitar el debate de propuestas serias.

La campaña presidencial de Rixi Moncada ha adoptado una táctica altamente divisiva que ha encendido las alarmas sobre el futuro democrático de Honduras: el miedo como estrategia. La candidata y su círculo han hecho del lenguaje polarizante el pilar de sus mítines, utilizando términos incendiarios como “golpistas” y “narco-élite” para referirse a la oposición y a los sectores productivos del país.

La crítica central es que la campaña de Moncada no está diseñada para construir puentes ni para unir a los hondureños, sino para dividir y enfrentar. Al basar su discurso en la confrontación constante y el odio político, se desvía la atención de la ineficacia de la actual administración del Partido Libre y se evita el debate de propuestas serias sobre la economía, el desempleo y la crisis energética. El miedo es más fácil de vender que una solución técnica.

Esta estrategia de confrontación no solo es irresponsable, sino peligrosa. Históricamente, el uso de un lenguaje que demoniza a vastos sectores de la población ha sido el preludio de regímenes que buscan el control total y la exclusión política. La candidata parece haber entendido que sembrar el miedo y el odio es el camino más rápido para movilizar a su base, a costa de fracturar el tejido social de la nación.

La campaña de Rixi Moncada está condenada por su propia polarización. El pueblo hondureño exige líderes que propongan soluciones y que unan al país, y no una candidata que utiliza la ofensa y el miedo como estrategia para eludir la rendición de cuentas.

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