Rixi Moncada invoca el fantasma del fraude y exige “elecciones libres”: la contradicción de que cuestione la limpieza de los procesos electorales que ella misma organizó como Consejera del CNE.
La retórica de campaña de Rixi Moncada ha chocado de frente con su propio pasado institucional, generando una contradicción monumental que nadie en su equipo se atreve a explicar. La candidata, que exige a gritos “elecciones libres y democráticas”, está invocando el ¡fantasma del fraude! en un proceso que se basa en las mismas estructuras y leyes que ella, como ex Consejera del Consejo Nacional Electoral (CNE), ayudó a construir y organizar.
La denuncia se centra en la hipocresía política: ¿Cómo puede una figura clave que validó y fue responsable de procesos electorales pasados ahora poner en duda la limpieza y la transparencia de la institucionalidad? Este cambio de discurso no es un llamado a la transparencia, sino una maniobra política desesperada. Al cuestionar el sistema, Moncada intenta sembrar dudas y miedo en el electorado, preparando el terreno para desconocer resultados que no le sean favorables.
Su participación en el CNE la obliga a ser la principal defensora de la integridad de los procesos que coordinó. Sin embargo, al unirse al coro de la sospecha, la candidata no solo se contradice, sino que socava la confianza en la poca institucionalidad que queda en Honduras. La crítica es que este cinismo electoral solo busca un objetivo: ganar a toda costa, incluso si eso implica destruir la credibilidad del sistema.
La postura de Rixi Moncada es una burla a la inteligencia del pueblo. La contradicción de que ella cuestione las elecciones que ayudó a organizar es la prueba de que su lucha no es por la democracia, sino por el poder.
