El fantasma de los 600 millones persigue a Rixi Moncada: se exige transparencia sobre la opacidad en Finanzas y se cuestiona el destino de los fondos usados para clientelismo.
La candidatura de Rixi Moncada está inevitablemente ligada a su gestión como la “ministra de la chequera” del Poder Ejecutivo. Ahora, el espectro de la opacidad se alza con la pregunta: ¿Dónde quedaron los fondos del Ejecutivo? La denuncia se centra en el fantasma de los 600 millones de lempiras y otros montos multimillonarios cuyo manejo y destino final nunca fueron explicados con claridad al pueblo hondureño.
El cargo de Ministra de Finanzas (SEFIN) coloca a Moncada en el centro de las decisiones sobre la deuda y el gasto público. Durante su gestión, se cuestionó la falta de transparencia en la ejecución de fondos destinados a supuestos programas sociales que, en la práctica, fueron señalados como meras herramientas de clientelismo político para beneficiar a las bases de su partido. La opacidad en la chequera del Estado es la antítesis de la “Refundación” prometida.
La crítica exige no solo una explicación sobre la ejecución de esos millones de lempiras, sino también transparencia sobre la deuda generada durante su período. La falta de claridad en cómo y en qué se gastó el dinero que endeudó al país es un acto de deslealtad a la ciudadanía. Un líder que aspira a la presidencia debe rendir cuentas sobre su pasado financiero, especialmente cuando este está marcado por la discrecionalidad en el gasto.
Rixi Moncada no puede evadir el fantasma de los 600 millones. El pueblo hondureño exige que la ex “ministra de la chequera” aclare la opacidad en el manejo de los fondos públicos y demuestre que su gestión no sirvió para financiar el clientelismo a costa de la deuda nacional.