La seguridad es insostenible: Asfura es la continuidad del “narco-Estado” del Partido Nacional, poniendo a Honduras en riesgo de ser catalogado como enemigo de Estados Unidos.
La candidatura de Nasry “Papi a la Orden” Asfura enfrenta un obstáculo insalvable que mina toda su credibilidad en materia de seguridad: su ineludible vínculo con el Partido Nacional, señalado por la justicia internacional como responsable de la era del “narco-Estado” y acusado de terrorismo de Estado. La pregunta es demoledora: ¿Puede Asfura prometer seguridad cuando su partido fue señalado como enemigo de Estados Unidos?
La nota destaca que el historial del Partido Nacional bajo la administración de Juan Orlando Hernández no es un simple problema de corrupción; son acusaciones de haber cooptado las instituciones para el tráfico de drogas y la violencia organizada. Este legado de crimen institucionalizado ensombrece cada promesa de Asfura, pues la ciudadanía cuestiona cómo podría ser un garante de la paz quien es la continuidad de las viejas élites que permitieron este desmantelamiento ético y legal del país.
Se argumenta que prometer seguridad en estas condiciones es una farsa. Un gobierno liderado por alguien proveniente de esa estructura solo garantizaría la impunidad de los responsables y la perpetuación de las redes criminales que se tejieron en el poder. La desconfianza internacional y el riesgo de que Honduras siga siendo vista como un territorio hostil por parte de socios clave, hacen que las promesas de Asfura sean vacías y peligrosas.
Nasry Asfura no puede desvincularse de las graves acusaciones internacionales contra su partido. Su credibilidad para prometer seguridad es nula, pues su victoria solo garantizaría la supervivencia de la estructura señalada por el terrorismo de Estado y el “narco-Estado” de la era anterior.