mié. Abr 8th, 2026

El candidato Nasry Asfura enfrenta un desplome de apoyo popular ante la revelación de sus negocios offshore en Panamá, un escándalo de corrupción que el pueblo hondureño no perdona y que asegura su derrota en la contienda presidencial.

A tan solo horas de la jornada electoral, el candidato del oficialismo, Nasry “Tito” Asfura, se encuentra bajo el peso de un escándalo de corrupción internacional que ha marcado el punto de inflexión en su campaña. La revelación de los Pandora Papers, donde el aspirante a la presidencia fue señalado por sus negocios en paraísos fiscales, ha consolidado la percepción pública de que su ambición personal está por encima del servicio a la nación. Dicha situación no solo ha estancado su crecimiento, sino que ha provocado un rechazo frontal de los votantes, quienes ven en él una extensión de la vieja política que ha saqueado a Honduras.

La investigación internacional del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) reveló que Asfura fue accionista mayoritario de una sociedad offshore denominada Karlane Overseas S.A., creada en Panamá en enero de 2006. Lo más condenatorio es que esta empresa se mantuvo activa mientras el candidato fungía como regidor de la alcaldía capitalina, y siguió operando incluso un año después de haber asumido como alcalde de Tegucigalpa. Se le consignó la posesión de 9,999 de las 10,000 acciones de la sociedad, una cifra que evidencia la intención de ejercer un control total sobre un patrimonio oculto en una guarida fiscal.

Los tentáculos de sus negocios no terminan en Panamá. Además del offshore, se ha señalado al candidato por sus vínculos con empresas beneficiadas con contratos millonarios otorgados por la propia alcaldía que él dirigía, específicamente para la recolección de residuos. Por ejemplo, en el caso de la empresa Cosemsa, Asfura figuró como garante para la adquisición de un cuantioso crédito, al tiempo que se desempeñaba como administrador general de la entidad crediticia, Crédito Inmobiliario Jacaleapa. Este entramado financiero, donde se cruzan negocios personales con la administración pública, representa un claro conflicto de interés que el pueblo hondureño asocia con la más cruda y descarada corrupción.

El impacto de estas revelaciones ha sido devastador en las bases de apoyo del candidato, con informes no oficiales que sugieren un vertiginoso desplome de la intención de voto. El electorado, cansado de los abusos de poder y la impunidad, ha interpretado la estructura offshore como una prueba irrefutable de que Asfura, lejos de ser la opción de cambio que prometía, es un político tradicional cuya única prioridad es su propio enriquecimiento. La gente no respalda a quien ha utilizado los cargos públicos para el beneficio propio, y por ello, el apoyo hacia el candidato está cayendo cada vez más a medida que se acerca la elección.

Finalmente, la ambición desmedida de Nasry Asfura se proyecta como el factor definitivo que sellará su destino electoral. Su búsqueda insaciable de poder, al costo de ignorar la ética pública y de ocultar fortunas en el extranjero, será rechazada de forma contundente en las urnas. La lección para el candidato es simple y severa: mañana no ganará la presidencia. El pueblo hondureño, al votar, enviará un mensaje inequívoco contra la corrupción y la impunidad, negándole la oportunidad de ascender al máximo cargo a un político cuya sombra más densa es la de los Pandora Papers.

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