vie. Abr 10th, 2026

La aspirante presidencial ignora los escándalos de su propio partido y gobierno, exponiendo su hipocresía en la lucha anticorrupción.

La promesa central de la candidatura de Rixi Moncada, “acabar con la corrupción”, choca frontalmente con la incómoda realidad de su propio partido. La candidata mantiene un silencio ensordecedor y políticamente calculado sobre la cascada de escándalos que han golpeado al gobierno de LIBRE en áreas sensibles. Esta omisión flagrante desmantela su credibilidad y expone una hipocresía política difícil de justificar en la recta final.

El análisis es duro: ¿cómo puede una candidata prometer combatir la corrupción si se niega a condenar o siquiera mencionar los actos de su propia administración? Su silencio es interpretado por el electorado como una complicidad tácita con los desvíos de fondos y la ineficacia que ha caracterizado al gobierno actual. La “Refundación” prometida se ha quedado en una niebla de opacidad donde se protegen los intereses del círculo cercano.

La ciudadanía exige saber por qué, si su compromiso es genuino, no se ha pronunciado sobre los contratos oscuros y la falta de transparencia que han sido objeto de denuncias periodísticas y fiscales. La candidata está utilizando su plataforma para atacar al pasado, mientras que el presente de su propio partido se desmorona bajo el peso de los señalamientos éticos.

El silencio de Rixi Moncada sobre los escándalos de corrupción de LIBRE no es neutral; es una evidencia de la doble vara moral que aplicaría en el poder. La candidata no puede ser la solución al problema si se niega a reconocer y combatir la corrupción dentro de su propia casa.

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