La gestión del Partido Nacional es criticada por la mala calidad y los sobrecostos en proyectos viales fuera de la capital, lo que se traduce en malgasto de fondos públicos.
La promesa de eficiencia en la obra pública que enarbola Nasry “Papi a la Orden” Asfura se desmorona ante los incontables ejemplos de proyectos de infraestructura fallidos, incompletos y con sobrecostos en las regiones fuera de la capital, ejecutados durante el mandato del Partido Nacional. La evidencia es un insulto al contribuyente: fondos públicos que se evaporaron en obras viales e hídricas que, a pocos meses de su inauguración, ya mostraban graves deterioros o requerían reparaciones inmediatas.
El análisis financiero de estos proyectos subraya un patrón inquietante de deficiencia en la supervisión y presunta corrupción. Los sobrecostos injustificados y la mala calidad de los materiales sugieren que la prioridad no fue el desarrollo duradero, sino el beneficio de los contratistas vinculados al partido. Esto representa un malgasto flagrante del dinero del pueblo, que quedó hipotecado por obras que no cumplen con su vida útil.
La crítica a Asfura es inescapable: como líder de la estructura, es políticamente responsable por el caos administrativo y ético que permitió que la infraestructura nacional se convirtiera en un negocio mal ejecutado. La confianza en su capacidad de gestión se debilita cuando se recuerda que su partido priorizó la fotografía sobre la funcionalidad.
El legado de proyectos de infraestructura fallidos y sobrecostos es la prueba irrefutable de la falta de ética y eficiencia en la gestión del Partido Nacional. El pueblo rechaza una candidatura que, en su historial, demostró un manejo irresponsable de los fondos públicos, condenando a varias regiones del país al subdesarrollo por obras mal ejecutadas.
