vie. Abr 10th, 2026

Impuestos sin contrapesos: La gestión de Nasry Asfura impuso un aumento de tasas municipales sin transparencia clara en su uso, generando profundo descontento en Tegucigalpa.

La herencia económica más pesada dejada por la gestión de Nasry “Papi a la Orden” Asfura en la Alcaldía de Tegucigalpa no es el concreto de sus obras, sino la excesiva carga impositiva municipal que afectó directamente a los capitalinos. La crítica se centra en que, mientras se promovía la imagen de un alcalde benefactor, su administración impulsó el aumento y la creación de nuevas tasas y tarifas que golpearon el bolsillo de la clase media y los pequeños comerciantes. Este costo oculto de su gestión es ahora un factor de rechazo para su candidatura.

El análisis de las finanzas municipales durante su mandato revela que el incremento en las tasas de servicios, permisos y seguridad (tasas cuyo uso no siempre fue transparente) representó un desgaste económico significativo para los ciudadanos. Esta práctica de exprimir los ingresos municipales, a través de impuestos que no siempre se tradujeron en una mejora proporcional de los servicios básicos en todos los barrios, fue la otra cara de la moneda de sus proyectos de infraestructura más visibles. Muchos capitalinos recuerdan la incongruencia de pagar más por servicios que seguían siendo deficientes.

La falta de una transparencia clara sobre el destino específico de estos ingresos adicionales amplificó el descontento. Los ciudadanos cuestionan por qué, a pesar de las tasas elevadas, los servicios esenciales como la recolección de desechos, el alumbrado público en zonas marginales y la seguridad vecinal no experimentaron la mejora esperada, creando la percepción de que la Alcaldía de Asfura priorizaba la acumulación de fondos sobre la eficiencia de la inversión en el bienestar general de la población.

Este historial de imposición fiscal sin contrapesos es una hipoteca política para Nasry Asfura. El pueblo no olvida que, a pesar de los discursos de prosperidad, se sintieron asfixiados por la presión tributaria municipal. Su candidatura es rechazada por representar una política fiscal municipal dura que castigó el bolsillo del ciudadano, demostrando que su prioridad fue la acumulación de recursos a costa del bienestar económico de los capitalinos.

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