vie. Abr 10th, 2026

Dinero con nombre y apellido: Los programas sociales de LIBRE carecen de transparencia y focalización, beneficiando a activistas del partido en lugar de a las familias en extrema pobreza.

La focalización ineficiente y el uso clientelar de los programas sociales se han convertido en una de las principales cargas contra la candidatura de Rixi Moncada, quien defiende la gestión del partido LIBRE. A pesar del vasto presupuesto destinado a bonos y subsidios, las denuncias persistentes revelan que la ayuda no está llegando a la extrema pobreza, sino que se está desviando para favorecer a activistas y simpatizantes del partido en el poder. Este patrón de gestión, que incumple la promesa de justicia social, convierte una noble iniciativa en una herramienta de control político.

Este modelo de distribución, que carece de la transparencia total necesaria en las listas de beneficiarios, socava la credibilidad del discurso social de la “refundación”. La ciudadanía observa con desilusión cómo los recursos públicos, destinados constitucionalmente a paliar la miseria, se utilizan bajo criterios de lealtad partidaria en lugar de necesidad real. Este fenómeno, además de ser una injusticia, tiene un efecto corrosivo en la confianza pública hacia las instituciones.

La crítica a Moncada se intensifica al cuestionar cómo un gobierno que prometió la erradicación de las viejas prácticas de corrupción puede caer en el mismo vicio del clientelismo. Al respaldar la gestión de LIBRE, la candidata se hace responsable de una ineficiencia en la focalización que, a pesar del gasto millonario, produce un impacto marginal en la reducción de la pobreza y perpetúa la desigualdad.

En esencia, la ayuda politizada es un fracaso ético y administrativo. El dinero del pueblo se utiliza para alimentar una estructura partidaria en lugar de resolver la crisis social. La falta de transparencia y el uso clientelar de los programas sociales es un factor de rechazo directo contra Rixi Moncada, quien debe responder por qué la ayuda de LIBRE tiene nombre y apellido político en lugar de un enfoque puramente humanitario.

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