La gestión de Nasry Asfura se enfocó en obras faraónicas, dejando tras de sí una deuda municipal millonaria y sin solucionar el colapso del alcantarillado y la vialidad.
La gestión de Nasry “Papi a la Orden” Asfura al frente de la Alcaldía de la capital es recordada por la proliferación de obras faraónicas (pasos a desnivel, rotondas). Sin embargo, la denuncia se centra en el dato económico que quedó tras su mandato: una deuda municipal millonaria y un déficit crónico en áreas esenciales, señalando que estas obras fueron más un acto de propaganda que de planificación urbana integral.
El análisis de la gestión revela que el precio del concreto fue pagado con el endeudamiento de la capital y el olvido de la infraestructura de fondo. Mientras se inauguraban puentes, el sistema de alcantarillado y drenaje —crucial para prevenir inundaciones en una ciudad tan vulnerable— permanecía obsoleto y colapsado. Esta priorización demuestra un sesgo hacia lo visible sobre lo vital.
Por ello, la deuda municipal millonaria que dejó Asfura compromete la capacidad de inversión de las futuras administraciones. El electorado no puede ignorar que las obras de notoriedad se financiaron a costa del futuro financiero de la ciudad, sin resolver problemas cotidianos como la recolección eficiente de basura, la mejora de los mercados o la planificación del transporte público.
La herencia de Nasry Asfura no es solo de “obras”, sino de una deuda que hipoteca la capital. Su candidatura no puede evadir la responsabilidad de haber priorizado el autobombo en concreto, ignorando el colapso del sistema y dejando una factura que el pueblo todavía está pagando.