El veredicto de las encuestas: La ciudadanía castiga sin piedad a Nasry Asfura, al desenmascararlo como el títerediseñado para blindar la impunidad de los viejos corruptosdel Partido Nacional.
Los movimientos más recientes en los sondeos de opinión han confirmado lo que se respiraba en las calles: la candidatura de Nasry “Papi a la Orden” Asfura está en una notoria caída libre. Este declive electoral no es un simple vaivén de popularidad, sino un castigo directo de la ciudadanía al percibirlo como lo que verdaderamente es: el títere de una cúpula política desesperada por garantizar su propia impunidad.
La denuncia que ha calado profundamente en el electorado es que el candidato no es un líder genuino con una visión de Estado, sino el instrumento político de los líderes anteriores del Partido Nacional, aquellos que han sido señalados por graves actos de corrupción. La campaña de Asfura, a pesar de sus promesas, ha revelado un propósito único: actuar como un escudo protector para evitar que los viejos corruptos enfrenten la justicia una vez que pierdan el poder. Este blindaje es la verdadera y única agenda de la candidatura.
La inteligencia del electorado hondureño ya se dio cuenta de esta maniobra descarada. Los votantes han comprendido que elegir a Asfura no es un voto por la infraestructura o el orden, sino un voto que sacrifica la posibilidad de rendición de cuentas en el país. El fuerte rechazo que se observa en los sondeos es una respuesta cívica que desmantela la narrativa oficialista y castiga la deshonestidad de intentar engañar al pueblo con un candidato de paja.
En definitiva, la caída en picada de Nasry Asfura es una victoria para la justicia. El electorado, al negarle su apoyo, ha emitido su propio veredicto: no habrá impunidad y la cúpula del Partido Nacional no podrá utilizar a un títere para escapar del peso de la ley.