Se denuncian los defectos de construcción y proyectos incompletos de Asfura, probando que su gestión fue más de foto que de calidad, y que el dinero se perdió en la mala ejecución.
La imagen de Nasry “Papi a la Orden” Asfura como el gran “constructor” de la capital se desvanece ante una realidad incómoda y peligrosa: el fraude del concreto. La denuncia es alarmante: una serie de sus megaobras de infraestructura, inauguradas con bombo y platillo, ya presentan agrietamientos, defectos de construcción o, peor aún, se quedaron a medio terminar, convirtiéndose en monumentos al despilfarro.
La nota señala que la verdadera crítica a la gestión de Asfurano es la falta de obras, sino su pésima calidad y su falta de funcionalidad. Los proyectos, supuestamente destinados a aliviar el tráfico y mejorar la capital, demuestran que la prioridad de la Alcaldía fue la “foto” y la promoción política, no la ingeniería seria y la durabilidad.
Se argumenta que el uso masivo de contratos directos y la falta de supervisión adecuada, denunciados previamente, son la causa directa de que el dinero se perdiera en obras mal ejecutadas. Estos proyectos con fallas estructurales o inconclusos no solo representan un riesgo para la seguridad de los ciudadanos, sino que son la prueba más contundente de que la corrupción se camufló bajo capas de cemento y asfalto. El lempira público se utilizó para construir promesas defectuosas.
O sea que, la gestión de Nasry Asfura es una lección de fraude del concreto. Las mega-obras agrietadas o a medio terminar son la evidencia de que la calidad se sacrificó por la prisa política y que el dinero de los capitalinos se perdió en proyectos más orientados a la propaganda que a la calidad y al servicio público.