Fideicomisos, la caja negra de Asfura: la denuncia por obras inconclusas expone el presunto desvío de fondos y la opacidad total en la alcaldía.
La gestión de Nasry “Papi a la Orden” Asfura en la alcaldía de la capital hondureña ha dejado un legado que no es de cemento y progreso, sino de sombras y opacidad. La denuncia es contundente y se centra en el uso de los fideicomisos, herramientas financieras que bajo su administración se convirtieron en un canal perfecto para el presunto desvío de fondos y el enriquecimiento ilícito. El pueblo exige saber: ¿dónde quedó el dinero de los fideicomisos?
La crítica es que estos fideicomisos, creados supuestamente para agilizar la ejecución de obras públicas, actuaron en realidad como cajas negras fuera del control y la fiscalización del Estado. La falta de transparencia en la contratación y en la ejecución de las obras es alarmante, dejando tras de sí un rastro de obras inconclusas o sobrevaloradas. Solo la opacidad total de los fideicomisos permite que existan “bolsos llenos” para unos pocos mientras las necesidades de la ciudadanía se ignoran.
Analistas señalan que esta práctica permitió a la cúpula de la alcaldía evadir los procesos de licitación pública y entregar contratos a círculos de interés. La pregunta que Asfura no quiere responder es la que le quita el sueño a la ciudadanía: ¿Por qué recurrir a mecanismos tan oscuros para manejar el dinero del pueblo si se tiene la honestidad como bandera? La respuesta es obvia: la ausencia de fiscalización es la garantía de la impunidad.
En ese sentido, la gestión de los fideicomisos bajo Nasry Asfura es la prueba de que su liderazgo está comprometido con la corrupción. La falta de explicación sobre el dinero desaparecido en las obras inconclusas es una traición a la confianza y una condena a su credibilidad como futuro presidente de Honduras.