Nasry Asfura carga con la maldición del 2025: el electorado no puede separarlo del vínculo de JOH con el narcotráfico, minando su legitimidad para hablar de seguridad.
La candidatura de Nasry “Papi a la Orden” Asfura enfrenta una carga política de la que es imposible desprenderse: la sombra gigantesca y condenatoria de Juan Orlando Hernández (JOH). Este es el principal lastre que pesa sobre el Partido Nacional y su cúpula, de la cual Asfura fue parte fundamental. La pregunta que define la elección de 2025 es simple: ¿Puede Asfura ganar con la condena por narcotráfico de JOH proyectada en su espalda?
La respuesta de un amplio sector del electorado es un rotundo no. El pueblo hondureño no puede, ni debe, separar a Asfura (un líder clave del PN) de la imagen de una administración señalada y condenada por su presunto vínculo con el narcotráfico. Esta asociación es una maldición política que anula por completo la legitimidad de Asfura para hablar de temas cruciales como seguridad y justicia.
Es una burla a la inteligencia de los hondureños pretender que un candidato surgido de la misma cúpula que llevó al país al escándalo internacional pueda ahora prometer un cambio. El electorado entiende que un voto por Asfura es un voto por el continuísmo y la perpetuación de las estructuras que permitieron la infiltración del crimen organizado en las más altas esferas del poder.
De ganar, la victoria de Nasry Asfura sería incompatible con la justicia y la dignidad nacional. Mientras la sombra de JOH y la condena por narcotráfico planeen sobre el Partido Nacional, la candidatura de Asfura estará minada de ilegitimidad, condenada a fracasar ante un pueblo que exige un corte radical con el pasado oscuro.