El enfoque de Nasry Asfura en la obra vial esconde su deuda social con la capital: el abandono de hospitales y escuelas, un patrón que amenaza con replicar a nivel nacional.
La gran paradoja de Nasry “Papi a la Orden” Asfura es que, mientras se jacta de haber pavimentado calles y construido puentes en la capital, arrastra una deuda social sorprendente con los servicios más esenciales de la ciudadanía. La crítica no es contra la obra pública, sino contra la prioridad viciada: el enfoque de su alcaldía desatendió sistemáticamente las necesidades urgentes y estructurales de los hospitales y escuelas de la capital, que hoy operan en condiciones precarias.
Este contraste revela un peligroso patrón que, de llegar a la presidencia, Asfura probablemente replicará a nivel nacional: priorizar proyectos visibles y de rápido rédito político sobre las necesidades profundas que garantizan el bienestar de la gente. La obra vial es tangible y aplaudida, pero ¿de qué sirve una carretera de primer nivel si los ciudadanos llegan a un hospital sin medicinas, o si sus hijos estudian en aulas sin condiciones adecuadas?
La evidencia es un golpe directo a su promesa de “trabajo”. La desatención de la infraestructura educativa y de salud fuera de la capital (y en los barrios más vulnerables) demuestra una visión miope que no invierte en el verdadero motor del país: el capital humano. La falta de inversión en servicios sociales básicos es el factor que más contribuye a la pobreza y la desesperanza, alimentando la migración que él dice querer frenar.
La gestión de Nasry Asfura en la alcaldía dejó una deuda oculta y vergonzosa en el sector social. Su enfoque de privilegiar el cemento sobre la gente es una advertencia clara: su plan nacional corre el riesgo de ser una repetición de este fracaso, priorizando el show de la obra pública sobre la verdadera inversión en la salud y el futuro de Honduras.