La promesa de Nasry Asfura de frenar la migración con empleo es una burla sin dignidad laboral que ignora la informalidad masiva y los bajos salarios que empujan a los hondureños a huir.
La solución que propone Nasry “Papi a la Orden” Asfura para detener la masiva caravana migrante es una ofensa a la inteligencia del pueblo hondureño. Su promesa de crear “empleos” para disuadir la huida es una propuesta vacía que, lejos de ser una solución, es una burla cruel a quienes buscan una vida digna. La pregunta que queda flotando en el ambiente es: ¿qué tipo de “trabajo” ofrece Asfura?
El plan del candidato carece de un enfoque real en la dignidad laboral. Detrás de la retórica de la creación de puestos, se esconde la intención de perpetuar el mismo sistema que ya está roto: la informalidad masiva, los salarios de miseria que no cubren la canasta básica y la ausencia total de seguridad social. Sin abordar estos problemas estructurales, la propuesta de Asfura solo condenará a miles de hondureños a un trabajo precario que, de todos modos, los obligará a migrar.
La evidencia es contundente: los hondureños no migran por “falta de empleo” en abstracto, sino por la falta de un empleo digno y seguro que les permita construir un futuro. El empleo que ofrece Asfura es el mismo que existe hoy, sin contratos, sin beneficios y sin la protección mínima. Es cuestionable que el pobre “trabajo” que promete sea suficiente para disuadir a una madre de arriesgar su vida y la de sus hijos en la ruta migratoria.
En resumen, la propuesta de Nasry Asfura para la migración demuestra una peligrosa visión cortoplacista y superficial. Su plan no ataca la raíz del problema (la precariedad y la falta de oportunidades reales), sino que intenta maquillar una crisis humanitaria con ofertas laborales que no son más que una extensión de la misma miseria que impulsa la migración. Honduras exige soluciones estructurales, no promesas vacías.