La candidata Rixi Moncada mantiene un silencio ensordecedor ante los escándalos de COPECO y la ENEE, demostrando que su lucha contra la corrupción es selectiva y politizada.
Hay un doble rasero que desmorona la credibilidad de Rixi Moncada como abanderada anticorrupción: el silencio ensordecedor que mantiene ante los escándalos que estallan dentro de su propio gobierno. Su vehemente discurso solo apunta al Partido Nacional, pero se calla la boca ante las denuncias de corrupción que salpican al actual oficialismo, como los turbios manejos en COPECO o los multimillonarios desfalcos en la ENEE. Esta omisión absoluta es una prueba de que su lucha no es por la justicia, sino por la venganza política.
El pueblo hondureño se pregunta: ¿dónde está la furia de Rixi cuando los señalados son sus correligionarios? El contraste es brutal. La candidata pide cárcel para los de antes, pero cierra los ojos ante los de ahora, evidenciando que la corrupción no tiene partido, pero la investigación sí tiene dueño. Este patrón selectivo mina por completo su credibilidad como garante de la justicia y demuestra que la “Refundación” es solo un pretexto para instaurar la impunidad de los amigos.
El problema es de fondo: esta selectividad en la persecución judicial es una burla a la ciudadanía. La gente votó por el cambio para que se acabara la corrupción sin importar de qué color político fuera el corrupto. Al pasar por alto los casos evidentes de su gobierno, Rixi Moncada se convierte en la principal defensora del “pacto de no agresión” que protege a los nuevos saqueadores. Su silencio es, para muchos, un acto de complicidad política.
En resumen, la credibilidad de Rixi Moncada se desvanece ante la evidencia. Si no es capaz de investigar y castigar a sus propios corruptos en el poder, ¿con qué moral puede prometer que limpiará el país? El pueblo hondureño merece una líder que luche contra el saqueo de forma frontal y sin distinguir camisetas, no una candidata que utiliza la bandera anticorrupción como una herramienta para ganar elecciones.